lunes, agosto 11, 2008

Quiero Ser Rentista (Digresión Ético-Etílica Ante Mortem)

Ayer cumplí los treinta y cinco. Felicidades, felicidades, y que cumplas muchos más, etc. Tengo barba, canas, patas de gallo, y si me doy un golpe por descuido --o no, lo del descuido--, la zona afectada me duele por varios días. Es decir, ya no puedo enfadarme con el mocoso que se dirija a mí con un “señor, ¿me dice la hora?”. Me alejo de mis comienzos ¿Maduro? La existencia es así. Si bien creí haber llegado a un pacto de no agresión entre los demiurgos y yo, lo cierto es que ellos, insolente pandilla de titiriteros, han incumplido su parte del acuerdo. Y por mí sigue pasando el tiempo, todo él, como si éste no tuviera otras cosas mejores que hacer, así como dejar caer la arena de uno a otro cono del reloj, desplegar telarañas cuidadosamente en los ángulos agudos de un desván en el boulevard Saint Germain, o ponerle el punto final a la historia del penúltimo imperio. Como si el tiempo no tuviera nada mejor que hacer que pasar por mí, pobre de mí. Roto el acuerdo entre las partes, a partir de ahora me siento con derecho a cagarme en dios cada vez que se me antoje. Que esto quede claro, que conste en acta: “Derechos de uno mismo al llegar a los treinta y cinco”, por David Condés. ¿Acaso no podría llegar a ser un best-seller? Por lo tanto amanece hoy y ya son treinta y cinco y un día. ¿Igual que una condena? eso hubiera afirmado yo si aún tuviese treinta y cuatro. Pero ya no los tengo y, en consecuencia, ya no digo esas cosas, pues con los treinta y cinco he madurado. Así que me levanto hoy temprano y trato de ser optimista. Mi mujer ya se ha ido otra semana más a trabajar a setecientos kilómetros de nuestro nidito de amor: ¡menuda mierda! Me ducho y decido ponerme una de sus mascarillas suavizantes para el pelo en mi bigote estropajoso ¡qué cosas tengo! Y verás que con esto toda la mañana atusa que te atuso, pasando el índice y el pulgar por ese acantilado que hay entre las faldas de la nariz y el labio superior, como si yo mismo fuera un osito de peluche o algo aún peor. Ya en la calle descubro que ha debido caer esta noche una bomba nuclear en pleno Madrid. Si a nosotros no nos ha afectado ha sido, me doy cuenta, porque hemos dormido (ella, mi mujer, se marchó a las seis de la mañana camino de la estación) con el aire acondicionado, y las ventanas –cerradas-- de aluminio con rotura de puente térmico, que tan vehementemente me recomendó mi hermano, sí eran de gran calidad. En definitiva, que no hay nadie en Madrid, ni dios –hoy me cago en él tempranito, en dios, éste mismo, que me queda más a mano, haciendo uso del derecho que recién me reconozco--. Qué bonito sería, sin embargo, que hubiera caído --la bomba, o quizá un dios, que harían el mismo daño-- en pleno barrio de Salamanca. Además, en el mes de agosto no habría matado a nadie en ese barrio, pues todos sus habitantes están poniendo huevos en las playas de Sotogrande, Sanjenjo y otros sitios rancios de idéntico calibre, me parece a mí. Al llegar a la oficina, vuelvo a acordarme, una vez más, del mito de Sísifo. En esto soy poco original, lo reconozco --en otras cosas me niego a reconocerlo, y punto. Treinta y cinco años y un día, pienso, al subir los escalones de acceso al edificio de acero inoxidable --¡ni siquiera la esperanza de derrumbe por corrosión le dejan a uno los arquitectos modernos!
Ya sólo me quedan treinta para jubilarme. Sonrío, o acaso es un gesto para evitar el dolor que me produce el sol en los ojos al reflejarse en las paredes de espejo. Treinta años de aburrimiento, de tirarle clips a la secretaria desde detrás de mi monitor; a no ser que los dioses se conmuevan pronto y decidan enmendar sus errores. Así debería ser.
Queridos dioses: si bien habéis incumplido de mala fe el pacto por el cual yo no iba a dejar de ser Peter Pan jamás, prometo en adelante no cagarme en vosotros, siempre y cuando tengáis a bien adelantar la ejecución de nuestro segundo acuerdo, por el cuál yo escribo una pedazo de novela que te mueres, la cual me permite vivir de rentista entre medio siglo y un siglo entero. ¿Qué decís?, ¡oh, dioses! ¡oh, diosas! ¡oh, diosos...!
Ser rentista. Qué gran ambición. ¿No es esto, al fin y al cabo, casi como someter al tiempo? Me parece justo, pues, compensar un pacto con otro. El tiempo pasará por mí, está bien; pero cada vez que se me acerque jugaré cual sádico con él, como si fuera una plasta de “blandiblú”. A cambio, insisto, no me cagaré en ningún dios ya más nunca. Me comprometo.
Bueno, ¿qué?, ¿qué decís...?
¿Hola...?
¿Hay alguien ahí...?

12 comentarios:

Kus dijo...

Hola compañero...

Yo todavía tengo los 34 así que sigo pensando en condenas... Estoy en USA, practicando con mi mujer y mi hijastro lo que será mi vida en un par de meses ahora que tengo la tan codiciada (por otros) green card.
Aunque voy progresando: antes no sabía nunca si pertenecía al lugar en el que estaba o no, ahora lo tengo claro: NO.
Saludos camarada...

On the road dijo...

Yo, que recién he cumplido los cuarenta, considero que la opción más inteligente es seguir cagándose en los dioses (esos rufianes), porque a la larga es la única opción que le queda a uno. Mejor tener práctica.
Buen relato.
Saludos.

Marsu dijo...

Vaya. Pues felicidades, al menos por poder contarlo. Eso me digo yo por las mañanas, y los 35 ya se me olvidaron, me temo.

Si fueras Peter Pan, te quedaría mcuho más para jubilarte, ¿no? Vaso medio lleno, vaso medio vacío...

Y si no somos capaces de encontrar un motivo cada mañana, siempre nos quedará el Viaducto ;)

Raúl dijo...

Seamos realistas y pidamos lo imposible.
Me explico:
Recuerdas aquel mal chiste que más o menos decía aquello de que van dos tipos de lo más colocados y uno le dice al otro:
- Soy el tío más rico, más poderoso y más guapo del mundo. Lo puedo todo; puedo volar, convertir en oro las piedras,...
- Si hombre! -niega el otro- Y eso por qué?
- Pues porque me lo ha dicho Dios.
Y entonces el compadre le suelta:
- Eso es mentira. Yo no te he dicho nada.

Pues eso, que la gilipollez venía al caso para decirte que a los 35, cuando uno se pone a patalear sintiéndose mayor, tiene derecho a pedirle a los dioeses o a imaginar que ellos le conceden, cualquier cosa. Y ser rentista gracias a una novela no está mal,.. de verdad... pero puestos... por qué no pides ser... C.R.Z.... (Es broma, querido, -sonrío- jamás te desearía tamaña condena).
Felicidades.

David Condés dijo...

Kus: Compañero. Qué alegría saber de ti. Así que ya está, lo has hecho. Después de un año de casado, por fin te vas a vivir con tu mujer. Amigo, de verdad que me alegro por ti. Además, siempre es bueno tener un infiltrado. Lo que queda claro es que hoy le dan el permiso de trabajo a cualquier rojo :) Cómo cambia ese país. Mucho ánimo.
Un fuerte abrazo.

On the Road: Quizá podríamos crear un blog que se llame mecagoenlosdioses.blogspot.com, donde cada uno pueda exponer sus motivos para tan escatológica conducta. Me alegra que te gustara, gracias. Un abrazo.

Marsu: Gracias por la felicitación. Para ser sinceros, me lo he tomado infinitamente mejor de lo que parecerá, a juzgar por el relato. Estaba ficcionado, claro. Ha sido como dar rienda suelta a unas pulsiones del subconsciente, una catarsis.
Sin embargo, he de discrepar en cuanto al viaducto. En Madrid ya no nos queda una forma tan romántica de joderles la jugada a los dioses, pues está vallado con planchas de metacrilato. Si al menos le dejaran a uno quemarse a lo bonzo en un pleno del congreso...
Besos.

Raúl: Lo tuyo es mala leche, amigo, como puedes desearme tal cosa :) Aunque, si lo piensas bien, todo sea por vivir de rentista. Puedo escribir "La Sombra del CO2". Y, si me sabe a poco, "El Capitán Pluma Triste". Qué tonterías se me ocurren tan temprano. Perdona.
El chiste es muy bueno, a mi me gusta. Además estoy de acuerdo contigo en que hay que pedirles tdo a los dioses, claro que sí. De hecho, ser escritor es el premio de consolación. Yo lo que quiero es ser dios, o el anticristo, aun no lo tengo claro.
Un abrazo.

Café con Agua dijo...

Felicidades y que cumplas muchos m�s...

Un hallazgo tu blog...

Arilena dijo...

¡Felicidades! Míralo por el lado positivo: si a ti te quedan 30 para jubilarte a mi me quedan... 45 eternos años de trabajar en algo que a saber que será.
Estupendo el relato, lo dicho: FELICIDADES

Kus dijo...

Aquí en los States todo es posible. Cágate en Jesucristo y lo mismo te contesta. Encontré el otro día en una tienda de juguetes un "Jesús" con el típico botón de "Try me". Le pulsé y empezó a recitar el Evangelio. Fíjate, yo que soy tan ateo y Dios tiene el tiempo para hablarme y todo.

El Viajero Solitario dijo...

Vaya, David, veo que somos de la misma añada (sí, añada, como los vinos, porque mejoramos con la edad -perdón por el lugar común).

Felicidades con cierto retraso, pero felicidades al cabo.

También me produce cierto desasosiego (por no llamarlo con otras palabras, acoso soeces) pensar que quedan treinta años de aburrimiento. Un secreto: hay ciertas formas de huir de la realidad, la lectura una de ellas; la escritura, otra; las demás, corren de tu cuenta averiguarlas (yo he descubierto al menos tres).

Yo ya hace tiempo que mandé a los dioses bien lejos, donde deben estar, por otro lado.

Un abrazo.

David Condés dijo...

Café con agua: Muchas gracias por la felicitación, y por la visita. Estás en tu casa.

Ana: Deja ya de ganar premios ¿no? :)
Muchas gracias. Por un lado te envidio, por eso de la edad, y por otro, al menos ya no tengo que pasar por el trámite de desencantarme de mis posibilidades profesionales... En esto te saco ventaja, aunque sea un poco como ese chiste viejo del loco que se escapa y acaba dando vueltas a una plaza, y cuando van a alcanzarlo se alegra de llevar varias vueltas de ventaja...
Gracias de nuevo.

Kus: Si encuentras un muñequito de "jesucristo" que recite el Evangelio del revés, a lo satánico, por favor, ¿me lo compras?

Viajero Solitario: Quizá formemos generación en algo, que eso siempre está de moda. Llegado el caso,yo apostaría por pertenecer a la "Generación After-metadona", que me parece más auténtico para nuestra idiosincrasia que el forzado "After-pop", con todos mis respetos hacia quienes se han visto envueltos en este aglutinamiento, que duda cabe (qué más quisiera yo). Si algún día la escuchas por ahí, recuerda de donde nació..
Otra cosa, no olvides esa forma de huir del trabajo que se llama "Blog". En mi caso al menos, casi todo lo hago desde la oficina, por supuesto.
Gracias por la felicitación.
Un abrazo

Raúl dijo...

Por cierto, no te agradecí en su momento el que compararas mi pobre relato con cualquier cuento del gran Medardo Fraile. Al margen de tu insensatez, lo hago ahora. Gracias.

David Condés dijo...

Raúl: Vale, claro, Medardo es Medardo, y nadie puede se comparado con él; pero tu relato tenía al menos dos cosas en común con la escritura de Medardo, sabía transmitir ternura en los personajes sin hacerlos de merengue, y creaba una atmósfera mágica en lo real, cruzaba el espejo de lo cotidiano.

¿"el espejo de lo cotidiano"?, ¿"atmósfera mágica en lo real"? Cada día soy más abiguo. Lo siento...
No sólo me gustó tu relato, sino que me ha despertado las ganas buscar esas virtudes en posibles nuevos relatos ¿Qué más se puede pedir al leer? Así que, gracias a ti en todo caso.

Frase de hoy

"Las palabras que prefiere el hombre corriente son las que permiten hablar sin tener que pensar". Dashiell Hammett.